Es muy posible que durante el embarazo todo el mundo os haya contado toda clase de historias sobre lo que es tener un hijo o una hija, algunas buenas y otras no tan buenas. También es muy posible que hayáis buscado toda clase de información en libros e internet. Así que ya habéis tenido tiempo de haceros a la idea del gran cambio que supone para la pareja y para cada uno de los dos a nivel individual.
¿Por qué no nos sentimos tan felices como esperábamos?
Aunque suele vivirse con mucha ilusión, la realidad a veces es mucho más compleja. Los dos esperáis sentir una felicidad completa todo el tiempo, pero el cansancio, la inseguridad y el nuevo reparto de tareas y responsabilidades caen como una bomba atómica en la relación de pareja.
La pareja ya no es solo una pareja, ahora es un equipo de crianza. Y eso pasa de un día para otro. Adaptarse a esa nueva etapa, sin embargo, requiere tiempo, mucha comunicación y un reajuste constante.
Según la ciencia, los primeros meses tras el nacimiento del bebé es uno de los momentos con menos felicidad en la vida de la pareja. Esto se debe a muchos factores, entre ellos los siguientes:
La falta de sueño
La falta de sueño afecta a tres áreas principalmente:
- Regulamos peor las emociones: tenemos menos paciencia, nos enfadamos más rápido, interpretamos peor las situaciones, …
- Aumenta el estrés y la ansiedad. Dormir poco hace que produzcamos más cortisol, por lo que estamos en un constante estado de alerta y tensión.
- Nos comunicamos peor: escuchamos menos, resolvemos peor los conflictos, somos menos empáticos, …
El reparto de tareas
El nuevo reparto de tareas y la carga mental es otra de las principales razones por las que las parejas discuten en esta nueva etapa. La carga mental en esta etapa tiene que ver con las tareas de la casa, la organización diaria, las citas médicas, etc. Suele pasar que uno de los dos siente que las responsabilidades no están equilibradas y, el hecho de no hablarlo o no encontrar un equilibrio, acaba desgastando a la persona y, por tanto, a la relación.
Las diferencias en la crianza
Las diferencias en la crianza es otra de los principales motivos de discusión. Por mucho que hubierais hablado del tema antes del nacimiento, no sabéis realmente cómo os vais a sentir cuando haya discrepancias sobre cómo dormir al bebé, cómo poner límites, cuáles son las rutinas más convenientes, cómo manejar la ayuda que os ofrece la familia, qué hacer cuando el niño llora, etc. Todas estas diferencias son normales, pero para que no se enquisten y generen un problema mayor deben ponerse en común y encontrar soluciones en conjunto, como un equipo.
La falta de tiempo en pareja
Cuando llega el bebé, todo el tiempo que os dedicabais como pareja, desaparece por completo. Toda vuestra atención pasa a focalizarse hacia el bebé, por lo que es normal que os vayáis sintiendo desconectados el uno del otro. El primer paso es daros cuenta de esa desconexión y comenzar a crear pequeños momentos para vosotros (aunque al principio parezca prácticamente imposible).
En el caso de que realmente os sea imposible crear esos pequeños momentos, os ayudará pensar que esta situación en la que os encontráis es temporal. El bebé irá creciendo y vosotros habréis adoptado más herramientas para llevar mejor esos momentos de tensión.
¿Qué podemos hacer como pareja?
Como os digo siempre, estos ejercicios son pura teoría, por lo que no siempre son fáciles de llevar a la práctica. Eso sí, todo cambio produce una respuesta diferente, así que os animo a ir intentando llevarlos a cabo, poco a poco y sin presión. Nadie dijo que el camino del cambio fuera fácil.
- La reunión semanal de pareja. Hablad sobre cuándo os vendría mejor reuniros 20 minutos a la semana para responderos a las siguientes preguntas: cómo os sentís, qué os está costando más, qué necesitáis del otro, qué cosas sí están funcionando. Acordaos que este ejercicio tiene como finalidad que os comprendáis mejor, crear conexiones emocionales entre vosotros. Si utilizáis este ejercicio para criticaros, entonces no habrá cumplido su función.
- Hacer visible la carga mental: escribid juntos todas las tareas que tienen que ver con el bebé, la casa, las citas médicas, la organización diaria, las compras y la gestión familiar. Escribid al lado de cada una quién se encarga de esa tarea. Ahora dialogad sobre cómo podría hacerse de manera más equitativa. Escribid de nuevo los nombres al lado de las tareas y pegad este papel en la nevera o en un sitio que podáis verlo cada día.
- Un ejercicio sencillo para evitar entrar en una discusión es que intentéis haceros esta pregunta y/o la digáis en alto antes de discutir: “¿estamos enfadados el uno con el otro o estamos agotados por la situación?”. Así, la atención deja de focalizarse en la otra persona para centrarse en la situación que estáis viviendo. Que no se os olvide que lo importante ahora es reforzar “el equipo de crianza”.
Reflexión final
Adaptarse lleva tiempo. La reorganización familiar tras la llegada de uno hijo es un proceso progresivo y cada familia necesita su tiempo para alcanzar el equilibrio.
Paciencia, los primeros meses del bebé son duros. Os enfrentáis a que la realidad es más complicada de lo que habíais pensado. Muchas veces, habíais idealizado cómo sería tener un hijo o una hija. Ese telón se cae de golpe y cuesta asumir que no todo era tan bonito como pensábamos. Y todo eso, es normal.
La falta de sueño, la pérdida de tiempo personal, la reconstrucción de nuestra propia identidad, el hecho de sentirse poco comprendido, el nuevo reparto de tareas, la falta de tiempo en pareja, el vivir en modo “supervivencia”, hace que esta etapa sea uno de los grandes de desafíos para la pareja.
Pedir ayuda, expresar las necesidades y tratar de cuidaros el uno al otro hará la diferencia entre atravesar por esta etapa de una manera más o menos agradable.
Porque cuidar a un bebé implica también cuidaros a vosotros mismos y a vuestra pareja.
Referencias bibliográficas
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- Shapiro, A. F., Gottman, J. M., & Carrère, S. (2000). The baby and the marriage. Journal of Family Psychology, 14(1), 59–70.
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