En este artículo veremos cómo poner límites a los hijos sin discutir, por qué aparecen los desacuerdos y qué dice la ciencia sobre la crianza en pareja.
Si convives con tu pareja y tenéis hijos, probablemente te resulte familiar lo que te voy a contar.
¿Es posible poner límites a los hijos sin que discutamos?
Ante un acto de desobediencia de vuestro hijo o hija, o a la hora de poner un límite, uno de los dos considera que hay que ser más firme, pero el otro piensa que quizá se está siendo demasiado estricto. Entonces, empiezáis a hablar tranquilamente sobre eso y, casi sin daros cuenta, acabáis discutiendo entre vosotros.
Entonces, ya no solo os preocupáis de cómo gestionar el comportamiento del niño, sino también el impacto que esos desacuerdos están teniendo en vuestra pareja.
La realidad es que poner límites forma parte de la crianza, aunque a veces sea complicado. Los niños necesitan normas, estructura y adultos que les ayuden a entender qué conductas son adecuadas y cuáles no. Sin embargo, muchas veces el verdadero problema no son los límites en sí mismos, sino las diferencias que pueden surgir entre vosotros a la hora de aplicarlos.
En este artículo veremos por qué aparecen estos desacuerdos, qué dice la ciencia sobre la crianza en pareja y cómo poner límites a los hijos sin que cada conflicto termine convirtiéndose en una discusión.
¿Qué hay realmente detrás de los desacuerdos sobre la educación de los hijos?
Muchas parejas creen que están discutiendo por los hijos cuando, en realidad, están discutiendo por sus diferentes maneras de entender aspectos de la crianza.
Y es que cada persona llega a la maternidad o la paternidad con una historia diferente. Hemos aprendido qué es ser un buen padre o una buena madre observando a nuestras propias familias, a través de nuestras experiencias y de los valores con los que hemos crecido.
Por eso, cuando aparecen situaciones cotidianas, como una rabieta o cuando nuestro hijo o hija nos desobedece, es normal que cada miembro de la pareja tenga una visión distinta sobre cómo actuar.
El psicólogo John Gottman, uno de los investigadores más reconocidos en el estudio de las relaciones de pareja, explica que muchos conflictos no surgen por el problema en sí mismo, sino por el significado que cada persona le atribuye.
Así que, detrás de una discusión sobre la hora de dormir, sobre si ver o no pantallas, sobre si tomar o no azúcar, etc. lo que hay detrás es: ¿soy un buen padre o una buena madre?, ¿será bueno para mi hijo eso?, ¿es seguro para él?, ¿le hará daño en un futuro? Y más y más preguntas.
De hecho, la ciencia respalda esta idea. Las investigaciones de la psicóloga Diana Baumrind muestran que los niños necesitan un estilo educativo que combine cercanía emocional con límites claros y consistentes. También demuestran que, los límites no dañan el vínculo; de hecho, si se establecen con respeto, ayudan a los niños a sentirse más seguros.
Por ejemplo, los niños suelen beneficiarse de límites claros relacionados con situaciones cotidianas como que:
- Conozcan la hora límite a la que irse a dormir. Esa hora debe ser siempre la misma e ir anticipándole que esa hora va a llegar (“queda media hora para las—”, “quedan diez minutos para las—, ya sabes que a las — nos metemos a dormir”).
- Sepan que después de jugar siempre toca recoger los juguetes o materiales que hayan usado antes de empezar una nueva actividad. Si son pequeños, podemos ayudarles a recoger al principio hasta que luego lo puedan hacer por si solos.
- Aprendan que pueden expresar su enfado o que no están de acuerdo con algo, pero sin insultar, gritar ni faltar al respeto a otras personas.
Podríamos seguir poniendo infinidad de ejemplos del día a día, pero lo importante en todos los casos es que los límites estén claros, sean firmes y se apliquen con respeto.
Cuando los padres no se ponen de acuerdo
No es necesario que ambos penséis exactamente igual en todo. De hecho, eso sería poco realista.
Sin embargo, sí es importante que exista cierta coherencia en los mensajes que reciben vuestros hijos. Cuando uno de los dos pone una norma y el otro la contradice constantemente Delante del niño, es normal que se sienta confundido sobre cuáles son los límites realmente.
Así que, a veces no es que los niños traten de “manipular” a sus padres, es que necesitan saber exactamente dónde está el límite en el o porque esté intentando manipular a sus padres, sino que tiene la necesidad de comprender dónde están los límites y qué se espera de él.
Desde la teoría del apego, desarrollada por John Bowlby, sabemos que los niños necesitan crecer en entornos previsibles para sentirse seguros. Cuando las normas cambian constantemente dependiendo de si está papa delante o está mamá, puede resultar más difícil para ellos anticipar las consecuencias de sus actos, lo que les provoca cierta inestabilidad.
No necesitáis coincidir en todo
Es un error muy frecuente en la crianza pensar que los dos tenéis que estar de acuerdo en absolutamente todo. En la práctica, eso no es realista.
Es normal que haya diferencias en cosas concretas. Por ejemplo, uno puede ser más flexible con la hora de acostarse los fines de semana, mientras que el otro prefiere mantener los mismos horarios; uno puede dar más importancia al rendimiento académico y otro al bienestar emocional; entre otras cuestiones.
Sin embargo, es importante que los dos compartáis ciertos criterios básicos que sirvan de guía en el día a día.
Por ejemplo:
- Cómo se gestionan las faltas de respeto.
- Qué normas existen respecto al uso de pantallas.
- Los horarios de sueño.
- Qué responsabilidades asume cada hijo en función de su edad.
- Qué consecuencias habrá cuando no se respeten determinadas normas.
Los hijos no necesitan padres que opinen siempre igual, pero sí necesitan adultos que, pese a sus diferencias, sean capaces de transmitir cierta coherencia en las cosas realmente importantes.
Por eso, más que preguntaros quién tiene la razón, es más útil preguntaros: «¿qué valores queremos transmitir a nuestros hijos?».
Así que, cuando empiece la discusión dejad de centraros en la norma y hablad sobre qué objetivo educativo hay detrás de ella.
La crianza también pone a prueba la relación de pareja
Como sabras, tener hijos transforma profundamente la vida de pareja.
El cansancio, la falta de tiempo, la carga mental y las responsabilidades del día a día en ocasiones nos irrita, nos estresa y hace que las diferencias entre nosotros se hagan más visibles.
De hecho, las investigaciones de Philip y Carolyn Cowan muestran que convertirse en madres y padres supone uno de los mayores procesos de adaptación para muchas parejas.
Por eso, es tan importante hablar de cómo cuidar la relación a la hora de poner los límites a los hijos. Y es que, trabajar la relación de pareja también forma parte de una crianza saludable. Así que, hablar sobre las normas y los límites cuando ambos estáis tranquilos, tartar de escuchar el punto de vista del otro y buscar acuerdos básicos. No pretendáis consensuar normas y encontrar puntos en común cuando estáis enzarzados en una discusión por tener la razon.
Preguntas frecuentes
¿Por qué discutimos tanto con nuestra pareja por los hijos?
Porque cada uno llega a la crianza con una mochila diferente. Hemos crecido en familias distintas, hemos vivido experiencias diferentes y tenemos ideas propias sobre lo que significa educar bien.
Por ejemplo, puede que uno piense que un niño debe recoger sus juguetes antes de ponerse a jugar a otra cosa, mientras que el otro no le dé tanta importancia. O que uno considere que una rabieta requiere poner un límite claro y el otro prefiera ser más flexible. Muchas veces la discusión no está realmente en lo que ha hecho el niño, sino en cómo creemos que deberíamos reaccionar los adultos.
¿Es malo discutir delante de los hijos?
No necesariamente. Los desacuerdos forman parte de cualquier relación y los niños también pueden aprender que dos personas pueden pensar diferente y seguir queriéndose.
Lo que suele resultar más difícil para ellos es presenciar discusiones frecuentes, gritos, descalificaciones o situaciones en las que sienten que tienen que ponerse del lado de uno de sus padres. Por ejemplo, no es lo mismo hablar con calma sobre si un adolescente puede volver a casa a las diez o a las once, que discutir delante de él elevando el tono y cuestionando constantemente la forma de actuar del otro.
¿Qué hago si mi pareja es más permisiva que yo?
Lo primero es recordar que tener estilos diferentes no significa que uno lo esté haciendo bien y el otro mal. En muchas parejas uno suele ser más flexible y el otro más exigente. Incluso, uno más flexible para unas cosas y más exigente para otras.
Intentad hablar sobre las normas importantes cuando ambos estéis tranquilos y no justo después de un conflicto con vuestro hijo. Por ejemplo, podéis acordar juntos qué ocurre si no se cumplen determinadas responsabilidades, cuánto tiempo de pantalla consideráis razonable o cuáles son las normas que para ambos son innegociables. El objetivo no es ganar una discusión, sino funcionar como un equipo.
¿Poner límites a los hijos daña el vínculo con ellos?
No. De hecho, los niños suelen sentirse más seguros cuando saben qué se espera de ellos y cuáles son las normas de la familia.
Pensemos en algo sencillo: un niño puede enfadarse porque no le dejamos comer chucherías antes de cenar o porque le pedimos que apague la tablet. Sin embargo, que se enfade no significa que el límite sea perjudicial. Los límites puestos con cariño, respeto y coherencia ayudan a los niños a desarrollar autocontrol, responsabilidad y seguridad emocional.
¿Cuándo puede ser útil acudir a terapia?
Si las diferencias sobre cómo poner límites a los hijos se han convertido en una fuente constante de discusiones, generan mucho desgaste emocional o sentís que ya no sois capaces de llegar a acuerdos por vuestra cuenta, puede que haya llegado el momento de hacer terapia.
En algunos casos, la terapia de pareja puede ayudaros a mejorar la comunicación, comprender mejor el punto de vista del otro y encontrar formas más saludables de gestionar los desacuerdos relacionados con la crianza. Cuando existen conflictos frecuentes sobre cómo poner límites a los hijos, el problema no suele estar únicamente en las normas, sino también en la manera en que la pareja afronta las diferencias y toma decisiones conjuntas. Si te interesa, puedes leer mi artículo «para qué sirve la terapia de pareja«.
Por otro lado, cuando las dificultades implican directamente a los hijos —especialmente si son adolescentes— o están afectando a la dinámica familiar en su conjunto, la terapia familiar puede ser una herramienta útil. Conmigo podréis abordar los conflictos desde una perspectiva más amplia, favoreciendo que todos los miembros de la familia os sintáis escuchados y ayudando a construir acuerdos que mejoren la convivencia.
Reflexión final
Aprender cómo poner límites a los hijos no significa hacerlo todo perfecto ni estar siempre de acuerdo con tu pareja. Significa construir, poco a poco, una forma de educar basada en el respeto, la coherencia y el trabajo en equipo.
Habrá días en los que os resultará fácil llegar a acuerdos y otros en los que las diferencias parecerán más grandes. Es normal. Lo importante no es evitar todos los desacuerdos, sino aprender a gestionarlos sin perder de vista el objetivo común: ayudar a vuestros hijos a crecer en un entorno seguro, estable y lleno de cariño.
Recuerda: los límites no son castigos ni muestras de autoridad. Son una forma de acompañar a los niños, enseñarles a convivir con los demás y ayudarles a desarrollar habilidades que les serán útiles durante toda la vida.
Y aunque a veces parezca que los hijos escuchan poco lo que les decimos, observan constantemente cómo nos relacionamos. Por eso, cada vez que resolvéis una diferencia con respeto, escucháis el punto de vista del otro o buscáis acuerdos en lugar de culpables, también estáis educando.
«Cuando aprendemos cómo poner límites a los hijos desde la coherencia y el respeto, no solo favorecemos su desarrollo emocional, sino también una convivencia familiar más sana y una relación de pareja más sólida».
¿De dónde he sacado esta información?
- Bowlby, J. (2014). Vínculos afectivos: formación, desarrollo y pérdida. Madrid: Morata.
- Gottman, J. y Silver, N. (2018). Siete reglas de oro para vivir en pareja. Barcelona: Debolsillo.
- Baumrind, D. (2017). Las claves de la autoridad. Crianza respetuosa con límites y afecto. Barcelona: Plataforma Editorial. (Adaptación divulgativa basada en su modelo de estilos educativos).
- Cowan, P. A. y Cowan, C. P. (2003). Cuando las parejas se convierten en padres (ediciones y traducciones variables según disponibilidad).
- Siegel, D. J. y Bryson, T. P. (2016). Disciplina sin lágrimas. Barcelona: Alba Editorial.