Es curioso cómo a pesar de vivir en una sociedad hiperconectada, muchas veces nos sentimos solos. Y en ocasiones necesitamos ayuda, pero o no la pedimos, o esperamos demasiado. Pensamos “ya se me pasará” o “no es para tanto”.
Pero pedir ayuda no es una señal de debilidad, sino más bien de valentía.
Yo puedo con todo
Desde pequeños, a veces aprendemos mensajes del tipo: “no llores”, “hay que ser fuerte”, “deja de molestar”… Y sin darnos cuenta crecemos pensando que es de débiles tener necesidades emocionales. Incluso, podemos pensar que nos pueden rechazar por mostrar nuestras emociones.
Y todo puede ir bien hasta que pasamos por una etapa complicada -romper con nuestra pareja, estar estresados por el trabajo, pasar el duelo por el fallecimiento de una persona que queremos o una crisis vital- y aparece entonces la lucha interna: sabemos que necesitamos apoyo, pero sentimos vergüenza por necesitarlo.
No quiero ser una carga
Una de las razones más frecuentes es pensar que si pedimos ayuda pasaremos a ser una carga para esa persona porque “no quiero preocupar”, “seguro que tienen cosas más importantes que hacer”, “se van a cansar de mí”…
Y es curioso cómo precisamente estos pensamientos suelen venir de personas que tienden a cuidar de los demás. Personas que cuidan pero no se dejan cuidar.
Sin embargo, las relaciones sanas han de ser recíprocas, cuidar y dejarse cuidar.
Me exijo demasiado
A veces pensamos que pedir ayuda es sinónimo de fracasar, pero nadie puede sostener su salud mental siempre sin apoyo.
A menudo se nos olvida que los seres humanos no estamos diseñados para vivir emocionalmente aislados. Somos seres sociales. Estamos hechos para sobrevivir en relación con los demás.
Por eso el apoyo emocional tiene un efecto tan profundo en nosotros. Sentirnos acompañados reduce la sensación de amenaza y compartir el dolor disminuye la carga emocional.
¿Y qué pasa si no pido ayuda?
Pues que lo que no se expresa, muchas veces se acumula.
Y cuando una persona vive durante demasiado tiempo en un estado de tensión emocional constante, el cuerpo y la mente terminan pagando el precio.
A corto plazo somos capaces de soportar la tensión, pero a largo plazo pueden aparecer: ansiedad, problemas de sueño, dificultades para concentrarse, …
Por eso, muchas veces las personas no se derrumban por lo que les ocurre, sino por intentar sostenerlo todo solas durante demasiado tiempo. Y ahí nos preguntamos: “¿cómo he llegado hasta aquí?”.
¿Puedo aprender a pedir ayuda?
Pues claro, pero nadie ha dicho que sea fácil. Puede dar miedo al principio, sobre todo si llevamos años acostumbrados a resolverlo todo solos.
Pedir ayuda es una habilidad emocional, por lo que hay que ir entrenándola poco a poco. Podemos empezar diciendo “no estoy bien”, “me vendría bien charlar un poco”. O pedir compañía sin contar demasiado: “¿puedes venir un rato?”, “hoy necesito hablar con alguien”, “no me apetece estar solo”.
También puede empezar compartiendo una pequeña parte de lo que sentimos con alguien de confianza. No hace falta contarlo todo perfectamente ni tener claras todas las emociones para empezar a hablar. A veces basta con: “últimamente me estoy sintiendo sobrepasado”, “creo que llevo demasiado tiempo aguantando”, “no sé qué me pasa, pero no estoy bien”.
Porque el apoyo emocional no siempre consiste en encontrar soluciones, a veces es sentir que no tenemos que pasar por una fase de crisis solos.
A veces, pedir ayuda también implica permitirnos acudir a terapia.
Reflexión final
Pedir ayuda no nos hace menos fuertes, sino que nos hace más valientes. Lo fácil es seguir haciendo lo mismo, no salir del espacio de confort. Lo difícil es enfrentarse al cambio, reconocer que necesitamos compañía en determinados momentos de la vida.
Porque las relaciones sanas no solo consisten en cuidar de los demás, sino también en dejarnos cuidar. Hablar, compartir lo que sentimos y buscar apoyo profesional cuando es necesario es una forma de autocuidado, de conexión emocional con nosotros mismos y con los demás.
Pedir ayuda no es una debilidad. Es una forma de autocuidado, honestidad y valentía emocional.
Referencias bibliográficas
- Bowlby, J. (1988). A Secure Base: Parent-Child Attachment and Healthy Human Development. Basic Books.
- Gilbert, P. (2009). The Compassionate Mind. Constable & Robinson.
- Neff, K. (2011). Self-Compassion: The Proven Power of Being Kind to Yourself. William Morrow.
- Siegel, D. J. (2012). The Developing Mind: How Relationships and the Brain Interact to Shape Who We Are. Guilford Press.
- World Health Organization. (2022). World Mental Health Report: Transforming Mental Health for All. World Health Organization