¿Por qué me cuesta tanto pedir ayuda psicológica? Aprende a dejarte cuidar

Buscar ayuda cuando no estamos bien puede resultar complicado. Hay momentos en los que, aunque estemos pasándolo mal, nos sintamos tristes, desbordados o con ansiedad, y sepamos que buscar terapia psicológica podría ayudarnos, seguimos intentando resolverlo todo solos.

Sin embargo, pedir ayuda psicológica o apoyo emocional no es una señal de debilidad. Al contrario, es un acto de valentía y autocuidado. De hecho, la ciencia lleva décadas mostrando que los seres humanos necesitamos apoyarnos en los demás para afrontar las dificultades. El psiquiatra John Bowlby, creador de la teoría del apego, explicó que buscar cercanía y apoyo cuando nos sentimos vulnerables forma parte de una necesidad humana básica. Por tanto, no estamos diseñados para afrontar el sufrimiento en soledad.

En este artículo veremos por qué nos cuesta tanto pedir ayuda, qué consecuencias puede tener cargar con todo en silencio y cómo empezar a apoyarnos en los demás de una forma más saludable.

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Yo puedo con todo

Es curioso cómo, a pesar de vivir en una sociedad hiperconectada, muchas veces nos sentimos solos. Por eso, aunque en ocasiones necesitamos ayuda, no la pedimos o esperamos demasiado. Pensamos: “ya se me pasará” o “no es para tanto”.

Y es que desde pequeños, a veces aprendemos mensajes del tipo: “no llores”, “hay que ser fuerte”, “deja de molestar”, etc. Sin darnos cuenta crecemos pensando que es de débiles mostrar nuestras emociones. Incluso, podemos pensar que si expresamos lo que sentimos nos van a rechazar y nos quedaremos solos.  

Esto puede tener que ver con la necesidad de agradar a todo el mundo. Las personas que intentan agradar siempre a los demás evitan el conflicto para protegerse de que los demás les rechacen. Pero mientras, evitan el malestar de los demás, acumulan el suyo propio. Y ese malestar, tarde o temprano, explota en forma de resentimiento, de agotamiento o metiéndose en relaciones tóxicas (en las que la otra persona no les valora).

La verdad es que tirar con todo sin pedir ayuda nos puede funcionar bien hasta que atravesamos una etapa complicada, como por ejemplo: romper con nuestra pareja, estar estresados por el trabajo, pasar el duelo por el fallecimiento de una persona que queremos o atravesar una crisis vital. En esos momentos comienza la lucha interna: sabemos que necesitamos apoyo, pero sentimos vergüenza por necesitarlo. Le damos vueltas a cómo contar lo que nos ocurre o pedir apoyo, pero siempre nos echamos para atrás en el último momento.

Personas que cuidan, pero no se dejan cuidar

 Precisamente, suele pasar que las personas que más cuidan son a las que más les cuesta dejarse cuidar. Puede que todo esto te resuene porque eres una de esas personas. Entonces piensas: “no quiero preocupar”, “seguro que tienen cosas más importantes que hacer” o “se van a cansar de mí”. Estos pensamientos pueden tener debajo la creencia de que si pedimos apoyo emocional a una persona a la queremos, pasaremos a ser una carga. O puede que pienses que el hecho de pedir ayuda psicológica solo es para personas con “verdaderos problemas mentales”.
Pero, esta vida hay que preocuparse de los demás pero también, dejar que se preocupen de nosotros. Cuando siempre ocupamos el papel de ser quien sostiene los problemas de los demás, los que escuchamos y ayudamos, podemos acabar creyendo que lo que somos depende de lo que los demás nos valoren.

Entonces, cuando somos nosotros quienes necesitamos ayuda, nos sentimos culpables, nos da verguenza o creemos que “es pedir demasiado”. Pero permitir que otros nos acompañen no nos convierte en una carga; nos convierte en seres humanos. De hecho, la investigación en Psicología ha mostrado que el apoyo social es como un importante factor de protección para la salud mental.

¿Puedo aprender a pedir ayuda?

Pues claro, pero nadie ha dicho que sea fácil. Puede dar miedo al principio, sobre todo si llevamos años acostumbrados a resolverlo todo solos.

La buena noticia es que pedir apoyo es una habilidad emocional, y como cualquier habilidad, hay que ir entrenándola poco a poco. Pero, no pretendas grandes cambios de un día para otro, sino empieza con pequeños cambios que te permitan comprobar que apoyarte en los demás no te convierte en una carga ni te resta valor como persona.

De hecho, investigaciones sobre vulnerabilidad y conexión interpersonal, como las de la investigadora Brené Brown, sugieren que la capacidad de mostrarnos auténticos y compartir nuestras dificultades está estrechamente relacionada con la construcción de relaciones más profundas y satisfactorias.

Puedes empezar diciendo:

• “No estoy bien”.
• “Me vendría bien charlar un poco”.
• “Hoy necesito hablar con alguien”.
• “No me apetece estar solo”.

También puedes empezar compartiendo una pequeña parte de lo que sientes con alguien de confianza. No hace falta contarlo todo perfectamente ni tener claras todas nuestras emociones para empezar a hablar. A veces basta con reconocer que algo nos está costando.

Preguntas frecuentes

¿Por qué me cuesta pedir ayuda psicológica o emocional?

A muchas personas les cuesta pedir ayuda porque sienten miedo al rechazo, vergüenza, culpa o la creencia de que deberían ser capaces de resolver sus problemas por sí mismas. También puede influir la educación que han recibido, sus experiencias pasadas o la dificultad para mostrarse vulnerables delante de los demás.

¿Pedir ayuda es una señal de debilidad?

No. Pedir ayuda no es una señal de debilidad, sino una muestra de conciencia y autocuidado. Reconocer que estamos atravesando una dificultad y permitir que otras personas nos acompañen suele requerir más valentía que seguir fingiendo que todo está bien.

¿Por qué cuido de todos pero no me dejo cuidar?

Es una situación muy frecuente. Algunas personas han aprendido a sentirse valiosas cuando ayudan, escuchan o apoyan a los demás, pero se sienten incómodas cuando son ellas quienes necesitan ayuda. A menudo existe el miedo a convertirse en una carga o la creencia de que deben ser fuertes en todo momento.

¿La terapia también es una forma de pedir ayuda?

Sí. Acudir a terapia psicológica es una forma de buscar apoyo profesional cuando sentimos que una situación nos supera o cuando queremos comprender mejor lo que nos está ocurriendo. No es necesario tocar fondo para comenzar un proceso terapéutico.

¿Qué beneficios tiene pedir ayuda psicológica?

Pedir ayuda psicológica puede ayudarte a comprender mejor tus emociones, desarrollar herramientas para afrontar las dificultades, reducir el malestar emocional y sentirte acompañado durante momentos complicados. Además, puede prevenir que ciertos problemas se cronifiquen o se vuelvan más difíciles de gestionar con el tiempo.

¿Cuándo debería plantearme buscar ayuda psicológica?

Puede ser recomendable buscar ayuda psicológica cuando notas que una situación está afectando a tu bienestar, tus relaciones, tu trabajo o tu día a día. También cuando llevas tiempo sintiéndote triste, ansioso, bloqueado o desbordado y sientes que no consigues manejarlo por tu cuenta.

Reflexión final

Las relaciones sanas no consisten únicamente en cuidar de los demás. También implican permitirnos recibir apoyo cuando lo necesitamos. Cuidar y dejarnos cuidar.

A veces pensamos que ser fuertes significa poder con todo solos. Sin embargo, la verdadera fortaleza no está en cargar con el sufrimiento en silencio, sino en reconocer nuestros límites y atrevernos a compartir lo que nos ocurre. Hablar de nuestras emociones, expresar nuestras necesidades y buscar apoyo emocional cuando lo necesitamos son formas de autocuidado que pueden marcar una gran diferencia en nuestro bienestar psicológico.

Recuerda: pedir ayuda psicológica o apoyo emocional no es una señal de debilidad. Al contrario, es una muestra de honestidad con uno mismo, de valentía emocional y de compromiso con el propio bienestar.

Y si llevas tiempo sintiéndote desbordado, triste, ansioso o atravesando una situación que te cuesta gestionar por tu cuenta, recuerda que no tienes por qué afrontarlo todo solo. Pedir ayuda es, muchas veces, el primer paso para empezar a encontrarte mejor.

¿De dónde he sacado esta información?
  • Bowlby, J. (2015). Una base segura: aplicaciones clínicas de una teoría del apego. Barcelona: Paidós.
  • Gilbert, P. (2015). La mente compasiva. Bilbao: Desclée de Brouwer.
  • Neff, K. (2012). Sé amable contigo mismo: el arte de la compasión hacia uno mismo. Barcelona: Oniro.
  • Siegel, D. J. (2007). La mente en desarrollo: cómo interactúan las relaciones y el cerebro para modelar nuestro ser. Bilbao: Desclée de Brouwer.
  • Organización Mundial de la Salud (OMS). (2022). Informe mundial sobre salud mental: transformar la salud mental para todos. Ginebra: Organización Mundial de la Salud.

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